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viernes, 19 de agosto de 2016

DE BLASCO Y LA ALBUFERA AL MAR MENOR NUESTRO DE CADA DÍA


Me estoy planteando aplazar la lectura de los últimos libros de la lista que me programé para este verano y dedicar los días restantes de la temporada a releer a Blasco Ibáñez. Al fin y al cabo, un clásico siempre es un clásico, y de su lectura se puede, cada vez, disfrutar con nuevos descubrimientos,  apreciar nuevos matices, extraer nuevas enseñanzas…
¿Por qué Blasco esta vez? Porque esta mañana, a propósito de los múltiples artículos acerca de la problemática del Mar Menor, evoqué al Tío Paloma jurando en arameo por la desecación que de la Albufera llevaban a cabo los agricultores.
-   ¡Nos están quitando la Albufera! – exclamaba indignado el viejo pescador por esa tarea de destrucción a que muchos valencianos – entre ellos su hijo – se entregaban, buscando en la conversión de pescadores a cultivadores de arroz la posibilidad de una vida menos difícil de aquélla que estaban llevando.

Y casi siempre, al leer Cañas y barro, se pasa de puntillas por la descripción del enfrentamiento entre conservacionistas y no conservacionistas, lucha en la que se veían implicadas, como queda bien patente en el texto, distintas facciones dentro de una misma familia. Se pasa de puntillas por ello para centrarnos en la historia de un adulterio, como si ésa, y no otra, fuera la temática principal de la obra, del mismo modo en que en La barraca sólo se quiere ver el sufrimiento de la familia de Batiste ante el acoso a que es sometida por los demás aldeanos, olvidando que la barraca de Barrer era un símbolo en la huerta, una muestra de solidaridad hacia ese paisano que, harto de la explotación a que es sometido, se ve obligado a convertirse en un homicida; la barraca sin ocupar y su huerta sin cultivar constituían una represalia contra los herederos del tirano.

La versión edulcorada que de ambas novelas llevó a cabo Televisión Española es comparable a la que las películas de la época dorada de Hollywood hicieron de algunas otras de sus obras.
Y del mismo modo hacemos, inconscientemente con la lectura de Flor de Mayo, Arroz y Tartana o Mare Nostrum (que de la versión cinematográfica española de ésta, mejor no hablemos), quedándonos muchas veces en la superficie, sin llegar a calar en el contenido social, en la exposición de contradicciones, en la crítica feroz que resulta inherente a cualquier obra de Vicente Blasco Ibáñez, del que, si la lectura de sus obras tantas veces ha sido censurada, se habrá debido a algún motivo, no lo ha sido gratuitamente.
Pues esta mañana, leyendo algunos comunicados y visionando algún que otro vídeo a propósito del Mar Menor, me sentí trasladada a finales del XIX y principios del siglo XX, imaginando la angustia de los pescadores de la Albufera al contemplar impotentes la desaparición de su medio de subsistencia ante la invasión de sus terrenos de pesca por el crecimiento de los campos de arroz y figurándome las posturas agresivas, los enfrentamientos entre miembros de una misma comunidad por ese tema.

No voy a entrar en el análisis político de la situación del  Mar Menor en la actualidad, que para ello doctores tiene la iglesia (o politólogos el país, que lo mismo da) pero de lo que sí estoy segura es de que la situación no se va a solucionar sólo poniéndonos a orar y pidiendo “sálvanos hoy nuestro Mar Menor de cada día”, sino que alguien tendrá que agarrar al toro por los cuernos de una puñetera vez.

domingo, 31 de enero de 2016

LAS COSAS DEL PAPA FRANCISCO


La que está montando el Papa Francisco con el tema de la simonía… Y eso que, a la mayoría de los/las católicos/as no les suena, ni por asomo, el significado de la palabrita.
Si que pienso que, en su día, tuvo que tener cierta importancia, al menos, para una parte de la jerarquía, pues si no, ¿a qué se debe que se tratara, sucesivamente, en el primer Concilio de Letrán (1123 – 1124), el segundo (1139),  el tercero (1179) y el cuarto (1215)?
La simonía es un pecado por el que se pretende comprar o vender lo espiritual (cargos eclesiásticos, sacramentos, reliquias, promesas de oración, la gracia, la excomunión…) a cambio de lo material.
Se menciona por primera vez la simonía en los Hechos de los Apóstoles, cuando Simón el Mago le quiso comprar a Simón Pedro su poder para hacer milagros.

¿Qué le respondió el apóstol?: “¡Que tu dinero desaparezca contigo, dado que has creído que el don de Dios se adquiere a precio de oro!”. Y es que el evangelio de Mateo lo dejaba bien claro: “Vosotros habéis recibido gratuitamente, dad también gratuitamente”.

Quienes ya tenemos una cierta edad, recordamos lo que en nuestros años de escuela aprendimos en el catecismo, donde se dejaba bien claro que era un gran pecado eso de pagar por los sacramentos. Por eso nos costaba tanto comprender que en las parroquias se cobrara por las bodas, bautizos y funerales, y no sólo eso, sino que según la categoría del templo se cobrara una tarifa u otra.
Y no digamos nada de la categoría de quienes recibieran los sacramentos, que mi abuela nos hablaba cuando éramos criaturas  sobre algo que sucedió en su boda; la discusión entre el cura y el padrino porque el primero le dijo al segundo  que tenía que pagar una cantidad mayor a la estipulada porque los invitados utilizaron para llegar a la iglesia, ni más ni menos que, ¡doce galeras! Y una boda con doce galeras era una boda de lujo, por lo que tenían que pagar más.


El caso es que la reforma protestante, entre otras cuestiones, criticaba la práctica de la iglesia católica de cobrar por las indulgencias, que hubo ocho concilios de carácter regional en que se plantearon las reformas necesarias para acabar con estos abusos, que el Papa Nicolás II (1058 – 1061) prohibió a los clérigos que aceptaran la entrega de una iglesia por parte de un laico y que la reforma gregoriana de Gregorio VII (1072 – 1085) también prohibió la obtención de cargos eclesiásticos a cambio de dinero.
Y a pesar de esto, las prácticas han continuado hasta nuestros días, se paga por las misas de funeral o por las bodas, se otorgan beneficios fiscales sobre las propiedades eclesiásticas en no sé qué país de cuyo nombre no puedo acordarme, quizás el mismo que durante tanto tiempo tuvo el privilegio de proponer a Roma los nombramientos de los obispos, y no sé cuántas otras cosas más…

Y ahora al Papa Francisco, mira por dónde, se le ocurre revolucionar a su rebaño manifestando su rechazo al cobro que en algunas iglesias se lleva a cabo por celebrar los bautizos, confirmaciones, primeras comuniones y matrimonios y afirma que la salvación no se puede pagar con dinero, que no tiene precio, que los sacramentos no pueden tener un costo y que por parte de los sacerdotes no debe existir ambición económica.
Y no acaba ahí la cosa, sino que pide a los feligreses que, sil legan a ver una lista de precios en sus iglesias, tengan el valor de informar a los sacerdotes que eso de cobrar es un pecado, porque para los cristianos, sin tarifa ninguna por ello, las puertas de la iglesia siempre tienen que estar abiertas.
Hay que ver las maneras que apunta este nuevo papa, que compara el cobrar por los sacramentos con el pasaje evangélico de la expulsión de los mercaderes del templo. No, este papa no convence a mucha gente, a mucha gente que opina que, si el papa quiere condenarse, que se condene, pero que a ella no le va a arrastrar en su caída.
Veremos cómo continúa la cosa, que a mí me da, no sé por qué, que como se siga empeñando en ventilar los pasillos de la institución y proceder a su limpieza, más de un obispo y más de un cardenal se le van a enfermar.  


sábado, 16 de mayo de 2015

POR QUÉ APOYO A EQUO

Y tú… ¿por qué narices apoyas a Equo?


Quizás la respuesta a esta pregunta no se encuentre entre la cadena de acontecimientos de los últimos meses.
Quisiera retroceder un par de años, porque fue en mayo de 2013 cuando acudí al salón de actos de la UNED con motivo de la presentación de este partido en Cartagena, no atraída por la presencia del antiguo representante de Green Peace, López de Uralde, pues siempre he sido bastante reacia a los protagonismos individuales, sino por mi asidua tendencia hacia las organizaciones de signo verde, que en alguna ocasión había manifestado con mi voto en los comicios europeos (otra de mis tendencias es la de pronunciarme por el voto de principios, y no recuerdo más que una ocasión en que me haya manifestado a través del conocido como voto útil).

Pues bien, en aquella ocasión, en que el nuevo partido expuso su modelo abierto y participativo, permanecí atenta a las manifestaciones en que no se habló sólo, como era de esperar, acerca de la defensa de la sostenibilidad, sino que se extendieron las intervenciones a la temática de la justicia social y la equidad, así como la defensa de los derechos humanos.
El concepto de democracia participativa que se expuso no me era ajeno, habiendo sido, como soy, militante de STERM-Intersindical desde la fundación de este sindicato, paradigma para mí de organización de funcionamiento asambleario, donde las haya, y las propuestas de este partido, con sólo dos años de historia, para la regeneración política y medioambiental, su compromiso con la regeneración democrática y las relaciones entre ciudadanos/as y estado, me convencieron de que había motivos para apostar por esta joven organización.
Y es que lo fundamental en un partido político es su ideología, y Equo se presenta como un partido claramente alineado en la izquierda, que se define como republicano federal, laico y europeísta, defensor del multiculturalismo, feminista, que cree en la democracia participativa en lugar de representativa, rechaza los sistemas productivistas del capitalismo y el marxismo, para definirse por la política verde, basada en la preservación del medioambiente y la defensa de la salud, y apuesta por la defensa de la enseñanza y la sanidad públicas. Fue por ello por lo que el año pasado aposté por estos principios dando mi voto a Equo en las elecciones europeas.


Cuando en Cartagena comenzó la ilusionada andadura del proyecto de confluencia Ganemos Cartagena, los miembros de Equo se encontraban presentes en las asambleas, junto con los de otros partidos, como Izquierda Unida, PCE o algunos de Podemos, y como organización se pronunciaron como dispuestos a continuar apoyando el movimiento de confluencia hasta el final.


Al ser abandonados por Izquierda Unida y ante la postura de intransigencia de Podemos, la asamblea ciudadana Ganemos decidió mayoritariamente no concurrir a las elecciones municipales, y a partir de ahí, quedé sumida en un pesimismo enorme que no me conducía más que a una postura posible: la del voto en blanco, una postura que no he manifestado nunca, pero que se me presentaba como la única salida, al no encontrar ninguna alternativa válida, ni desde el punto de vista ético, ni siquiera desde el estratégico.
Por ello, cuando a petición de algunas personas que habían venido trabajando en la confluencia, Equo convocó una asamblea para discutir y decidir acerca de su posible presentación a las elecciones municipales en Cartagena, me decidí a apoyar sin reservas esta postura.

A día de hoy, una semana antes de la celebración de los comicios, me siento satisfecha de mi decisión de aquel día, me encuentro feliz por mi apoyo a Equo, por formar parte de un proyecto que supone la mejor alternativa a Cartagena, porque Equo es una candidatura fresca y renovada, cuyo programa se ha elaborado a partir de las aportaciones de toda la ciudadanía, cuyo borrador se ha ofrecido a ser enmendado por ciudadanos/as a título individual, por organizaciones ciudadanas, por ONGs, por asociaciones vecinales y culturales, por expertos/as en los diferentes campos, y cuya redacción final se ha llevado a cabo en grupos de trabajo abiertos a la participación y aprobado en asamblea, haciendo práctico uno de los principios de Equo: el de la democracia directa y participativa.


Por todo esto he apoyado a Equo, por todo esto voy a votar su candidatura, y por todo esto pido para ella vuestro voto desde aquí.


Equo: La energía necesaria para Cartagena  



jueves, 19 de febrero de 2015

RECITAL DE VICENTE PALAO


Con el recital de Vicente Palao sobre los grandes poetas y el compromiso cultural de la II República se dio término en Cartagena a las actividades realizadas en el entorno de la Exposición sobre las Misiones Pedagógicas en España que de tan gran receptividad han gozado en la región.



Eusebio Saura, miembro de STERM - Intersindical, llevó a cabo la presentación de Vicente Palao, Eduardo Piqueras y Raúl Carrión, que en el agradable ambiente de la sala del Archivo Municipal de Cartagena deleitaron a los asistentes con una serie de canciones pertenecientes al montaje que Vicente Palao, el versionador y recitador yeclano presentó realizando un recorrido por los grandes poetas que acompañaron con sus versos la obra cultural de la II República Española.




Haciendo gala de su estilo didáctico, y en un tono de íntimo acercamiento al público, el amigo Vicente, a través de la lectura de sus textos y la libre interpretación de las canciones que cantautores como Paco Ibáñez, Serrat o Leonard Cohen compusieron con los poemas de Rafael Alberti, Federico García Lorca, Antonio Machado y Miguel Hernández, nos puso en contacto
con  esta época de esperanza e ilusión en la que el ensayo del modelo cultural y la apuesta por la modernidad que la creación de las Misiones Pedagógicas supuso, creó en el pueblo una enorme expectativa de confianza en la llegada de un mundo mejor. Ilusión y expectativa que se vieron truncadas por la fuerza de las armas.

Broche de oro para estas actividades que nos han acompañado durante estos días.



Las Misiones Pedagógicas, un tema casi desconocido para una inmensa mayoría, a pesar de la experiemcia, única en la Europa de aquellos tiempos, e inspiradora de posteriores experiencias llevadas a cabo en diferentes países de América Latina posteriormente, han sido conocidas un poco más gracias a la exposición y las diferentes charlas que, a lo largo de este mes, la Asociación de Jubiladxs y Pensionistas de STERM-Intersindical han puesto en funcionamiento en nuestra región.


viernes, 9 de mayo de 2014

¿PARA QUIÉN TRABAJA EL REY JUAN CARLOS?

Copio este artículo de Juan Torres, al que me he permitido unir algunas caricaturas que, con todo mi amor, dedico a lxs monárquicxs.


 ¿Para quién trabaja el rey Juan Carlos?
Artículo de Juan Torres

Publicado en Público.es el 4 de mayo de 2014
Diversos medios de comunicación han publicado unas declaraciones de la Casa Real afirmando que la popularidad del rey crece gracias a los viajes que está realizando por Oriente Medio después de haber estado varias semanas inactivo.
En ningún caso se indica cuál es la fuente de ese conocimiento, de modo que no se le puede conceder mucho fundamento a lo que dicen los portavoces del monarca. Pero, en todo caso, que suba o baje su popularidad es lo de menos, aunque bien es verdad que haberla dilapidado refleja que su modo de vida y su comportamiento personal y político es rechazado por una parte importante de los españoles. Lo que me parece más relevante es que apenas se habla del tipo de actividad que realiza y de a quién benefician estos desvelos que supuestamente le proporcionan renovado crédito popular.
A mi juicio, la actividad del rey en Oriente Medio es francamente censurable y debería exigirse que acabe con ella por varias razones.
Su labor en aquellos países pasa por alto que los regímenes de quien busca favores son posiblemente las dictaduras más crueles y sanguinarias del mundo. Es una auténtica vergüenza y una inmoralidad que para conseguir que unos cuantos grandes empresarios ganen dinero se convalide la falta de democracia y el pisoteo de los derechos humanos que hay en las dictaduras del Golfo. Si a los grandes empresarios les da igual que en los países donde hacen negocio no haya la más mínima libertad es su problema, pero no se puede consentir que nuestro Jefe del Estado se convierta en el principal defensor, amigo y cómplice de los dictadores más corruptos del planeta. Y es particularmente condenable que la promoción de esos negocios por parte del rey se haga sin ningún tipo de mención a las condiciones en las que trabajan y van a trabajar miles de seres humanos en aquellos países.

El rey no parece tener en cuenta tampoco que los intereses a los que responden los negocios de esas empresas no se pueden confundir con los intereses de toda España. Es más, los grandes empresarios a quienes abre camino en esas dictaduras son el paradigma de la falta de patriotismo.
Son los mayores evasores y defraudadores del Reino, los que han destrozado nuestra economía y el tejido productivo, los que no saben hacer dinero si no es a base de privatizar beneficios y de socializar pérdidas. Son los que más empleo han destruido en España y los generadores de daños ambientales que quizá ya nunca podamos reparar. Coaligándose sólo con ellos, el monarca hace un flaco servicio a los intereses nacionales. Y es bastante improbable, además, que los negocios que esas empresas hacen fuera de España reviertan en una mejor condición económica de nuestro país o en mejores niveles de bienestar de la población en su conjunto.
Incluso dando por bueno que los intereses de los grandes empresarios merezcan también ser defendidos por un rey que se presenta como de todos los españoles, lo censurable es que los demás no cuentan nunca con la cercanía y el esfuerzo que con los más ricos despliega el monarca.
No hemos visto nunca al rey reunirse con plataformas de desahuciados, y mucho menos ni siquiera mencionar que en España existe ese problema; ni con grupos de desempleados; ni con los afectados por los fraudes bancarios; ni con los manifestantes que reclaman que no se pierdan derechos. ¿No son todas estas personas también españoles que merecen el apoyo, la comprensión, el afecto, la solidaridad y el trabajo del rey?
¿Acaso sólo son españoles y merecedores del apoyo del rey los grandes empresarios y banqueros o quienes simpatizan o defienden las ideas del PP que los representa políticamente? ¿No somos españoles quienes criticamos las políticas que se vienen aplicando, los que estamos indignados por todo lo que pasa, los que luchan en las calles, en empresas, en sus oficinas o en sus universidades para que España no empeore día a día?

Por muy fuerte que sea decirlo, lo cierto es que, actuando como actúa, trabajando a favor de unos pocos y no de todos, el rey traiciona a una buena parte de los españoles, y por tanto a España en su conjunto.
Da vergüenza e indigna el silencio de un rey, además militar que ha jurado defender la integridad de su Patria, cuando fuerzas y poderes extranjeros pisotean nuestra soberanía y no permiten que el pueblo soberano decida sobre sus destinos. ¿Qué entiende, entonces, el rey Juan Carlos que es defender a la Patria? ¿Para qué sirve tanto ondear banderas si se calla cuando se está condenando al paro y a la pobreza a millones de compatriotas, cuando se está acabando con avances sociales que costaron tanto esfuerzo, si no importa que unos pocos se lleven nuestra riqueza y destruyan nuestras fuentes de ingresos a base de engaños y robos? ¿Cómo puede hablar el rey de patriotismo y sentirse patriota cuando ampara a quienes son responsables del 75% del fraude fiscal, a quienes han engañado a cientos miles de españoles, o a los que admiten sin rechistar que quien manda de verdad en España es Merkel y los banqueros y no quienes han elegido los ciudadanos?
Si el rey se empeña en seguir siendo así y estando solo con los de arriba, es hora de pedir que se vaya. Y si quiere ser coherente con lo que tanto dice, debería empezar a dar muestras de que se preocupa y de que trabaja también por los de abajo.



miércoles, 8 de mayo de 2013

CARTAGENA, NO HAY QUIEN TE ENTIENDA



Un grupo de personas esperó ayer en Santa Lucía la llegada de la Marcha contra el Paro, que fue recibida con entusiastas gritos y aplausos.
Una mujer, luchadora con muchos años de presencia en los movimientos sociales, me dijo conmovida: "Esto a mí me emociona" .
También a mí me emocionó, pero me disgustó al mismo tiempo. Me disgustó que no fuera mayor, mucho mayor la presencia de los cartageneros y cartageneras que tenían que haber llenado, no ya la plaza, sino todo el barrio, que tenían que haberse extendido hasta el puerto, hasta la estación de autobuses... en una ferviente y calurosa acogida.
Cuando la marcha se encaminó, en manifestación que rodeó el centro urbano, en dirección a la puerta de la Asamblea Regional, un hombre entrado en años, que hacía de gorrilla junto a la Casa del Mar, me preguntó "Esto, ¿pa qué es? ¿pal empleo?" - "Sí, para el empleo" - "Pos a ver si es verdad, que aquí tiene uno que estar de aparcacoches pa sacar algo".
¿Cuántos parados y paradas, cuántas madres y padres de jóvenes sin empleo podían haber acudido a apoyar la marcha y no lo hicieron? ¿Cuántas personas, de una u otra edad, de uno u otro sexo, que protestan por la situación en la barra del bar o la cola del cajero del supermercado, no han salido, ni una sola vez desde que comenzó la crisis, a manifestarse públicamente? ¿Será que no encuentran motivos para manifestarse? ¿Será que no sienten, realmente, los efectos de la crisis?

Porque eso es lo que muchas veces pienso: que en Cartagena no hay crisis, que no ha llegado todavía. Y si ha llegado, es que no se han enterado. No lo sabe la mayoría de la población... ¿Cuál será la Cartagena real? ¿La de las colas del paro, de las personas atendidas por diversas ONGs, de gente que busca y rebusca en los contenedores de basura, de abuelos y abuelas que mantienen a jóvenes sin futuro con una mínima pensión? ¿O la de quienes continúan abarrotando el teatro para ver una comedia, llenando las mesas de los restaurantes y saliendo de vacaciones de lujo? Pienso, a veces, que debe ser la segunda, porque si fuera la primera Cartagena la real, lo que habría estado abarrotado ayer tarde habría sido el paseo Alfonso XIII a la llegada de la Marcha frente a la Asamblea Regional.
No acierto a comprender por qué extraños motivos quienes se sienten agredidos, en la persona de sus allegados o en carne propia, por la surrealista situación que estamos viviendo, dejan de acudir a las calles a protestar por la supresión de sus más elementales derechos.
Definitivamente, este mundo no hay quien lo entienda. 


DECLARACIÓN UNIVERSAL DE DERECHOS HUMANOS.

 Artículo 23:


1. Toda persona tiene derecho al trabajo, a la libre elección de su trabajo, a condiciones equitativas y satisfactorias de trabajo y a la protección contra el desempleo.

2. Toda persona tiene derecho, sin discriminación alguna, a igual salario por trabajo igual.


3. Toda persona que trabaja tiene derecho a una remuneración equitativa y satisfactoria, que le asegure, así como a su familia, una existencia conforme a la dignidad humana y que será completada, en caso necesario, por cualesquiera otros medios de protección social.





4. Toda persona tiene derecho a fundar sindicatos y a sindicarse para la defensa de sus intereses.






jueves, 21 de marzo de 2013

QUIENES TOMAN LAS DECISIONES



Policías registrando el domicilio de la gerente del FMI, patriarca ortodoxo disponiendo de los fondos de la Iglesia para el rescate bancario, asesor jurídico de la Casa Real declarando como testigo en el caso Urdangarín, con temblor en las piernas... mientras el pueblo soberano pasa alternativamente de las preguntas sobre cuándo sus hijos encontrarán empleo a si el marido de la infantita o el señor de la peineta llegarán o no a pagar con penas de prisión sus actos dolosos...

Espero que no ocurra con semejantes figuras algo parecido a lo que ocurrió con un tal Bernardo de Lippe Biesterfeld hace ya bastantes años.

No sé si os suena de algo tan pintoresco personaje, pero puedo deciros que tiene un curriculum, cuando menos, digamos... interesante.
Este señor, nacido en 1911, hijo de un tal Príncipe Bernardo Casimiro de  Lippe Biesterfeld, fue miembro de las juventudes hitlerianas, (concretando más, podemos decir que de joven se afilió a varias organizaciones nacionalsocialistas, como el NSDAP, las SA y una rama especial de las SS, lamada la "Reiter SS") aunque decían sus partidarios que no era un nazi convencido, sino que estas afiliaciones le permitían adquirir nuevos contactos y fomentar sus intereses personales. Afirman que la pertenencia a estas organizaciones era necesaria para acceder a distintas posiciones en la Alemania de la época.
Astuto el muchachito ¿no?
Bernardo de Holanda


 El caso es que de algo debieron servirle los contactos adquiridos cuando, años después, se dedicó durante un tiempo al tráfico de armas. Bernardo de Lippe Biesterfeld, convertido en el príncipe Bernardo de Holanda, fue autor del delito por el que debería haber sido condenado a prisión, pero nunca llegó a ingresar en ella, porque la Jefa de Estado de su país, amenazó con dimitir si Bernardo era llevado a juicio ¿Y quién era esta jefa de estado? Pues su mujer, la reina de Holanda, Juliana I, abuelita de la recién estrenada soberana.

Es cierto que el príncipe negó haber pertenecido a estas asociaciones, pero su pertenencia está lo suficientemente acreditada y documentada.

Aunque la mayoría del pueblo holandés lo consideraba una figura encantadora y popular, su vida estuvo llena de escándalos, como cuando se demostró, en 1976, que había aceptado un soborno de 1.100.000 dólares de la Lockheed Corporation (se negó en redondo a responder a las preguntas de los periodistas alegando "yo estoy por encima de esas cosas"), o cuando se dieron a conocer sus aventuras extramatrimoniales, incluyendo la compra de un apartamento en París para su amante Hélène Grinda, o la existencia de su hija ilegítima con ésta, y de Alicia, su segunda hija ilegítima, que vivía en Estados Unidos.

Estandarte de Bernardo
como príncipe consorte
de los Países Bajos
El caso es que, aunque no fuera sometido a juicio por lo de la Lockheed, hubo de renunciar a su posición como Inspector General de las Fuerzas Armadas de los Países Bajos y aceptó no volver a vestir de uniforme. No se trataba de una pena excesiva por haber cometido lo que él mismo calificó de el "vergonzoso error" de haber aceptado una comisión ilegal de más de un millón de dólares.


Hasta aquí, lo que nos podría servir de ejemplo a nuestra situación, pero no queda en esto el estudio sobre las actividades de este ilustre señor.

Su mayor mérito es, sin duda, el haber sido creador del CLUB BILDERBERG, el más importante de los selectos clubes que toman las decisiones en los países occidentales.

Porque no nos engañemos, estas Naciones Unidas, tan democráticamente deficitarias, tan sólo nos representan teóricamente, y lo mismo podríamos decir, desde el punto de vista de la representación democrática del Fondo Monetario y del Banco Mundial, y... ¿para qué meternos en honduras con el tema del G-20, un grupo de 20 países que se arroga, porque sí, la representación económica de todo el mundo?


Arcadi Oliveres
Este tema, si bien ya lo tenía bastante asumido, se me ofreció, a decir verdad, en toda su claridad y transparencia escuchando al economista Arcadi Oliveres, cuando cuestionaba la existencia de un G-20 donde debería haber, en realidad, un G-192, si queríamos atender a la realidad de los países existentes. En esa misma conferencia en que hablaba de la cuestión de la no representatividad de estos organismos fue donde acometió la importancia del Club Bilderberg, el de los selectos que deciden por todos, y esta idea la amplía en uno de los capítulos de su libro "Detengamos la crisis (Las perversiones de un sistema que podemos cambiar)" en el que habla de la manera en que el citado G-20 que se otorga la representatividad de todo el mundo para resolver una crisis que él mismo ha provocado, cuando en realidad los auténticos centros de decisión se encuentran en una especie de clubes secretos, que ni siquiera son públicos.

En 1954 tuvo lugar la primera reunión de este club, propuesta por el consejero político polaco Joseph Retinger, que preocupado por el antiamericanismo que estaba causando el Plan Marshall en Europa decidió reunir a los líderes europeos para promover el entendimiento entre ellos, y entre los invitados se encontraban el príncipe Bernardo de Holanda, que decidió promover la idea, y el primer ministro belga Paul van Zeeland. Plantearon que a las reuniones tenían que acudir dos invitados de cada país, uno conservador y otro progresista.
El presidente de este club de élite fue Bernardo de  Lippe Biesterfeld, que ostentó este cargo hasta su muerte, en 2004, y mira por donde, la hija de este señor, la recién abdicada reina Beatriz de Holanda, es la accionista más importante de la segunda empresa mundial del petróleo, Shell, que acumula un montón de acusaciones por supuestos crímenes cometidos en Nigeria.


Hotelito donde se reunió
por primera vez el club Bilderberg
En el club Bilderberg las decisiones son tomadas por banqueros, políticos jubilados y medios de comunicación (lo que se llama poderes fácticos) y nació como un grupo de tertulia que se reunía en un hotelito llamado Bilderberg, cuyo nombre pasó a ser el ostentado por el club, que reflexionaban una vez al año sobre cuestiones económicas.
Participaba David Rockefeller, accionista de la Exxon, la empresa petrolera más importante del mundo.
Pues bien, el presidente y Paul van Zeeland, constituido en secretario, comenzaron a convocar a periodistas, banqueros, ex primeros ministros, ex secretarios de la OTAN, ex directores de la CIA, antiguos presidentes de la comisión de las comunidades europeas, y otras personas con cierto peso económico.


De las cien o ciento cincuenta personas que en la última semana del mes de mayo de cada año se reúnen, la mitad, aproximadamente, tiene carácter permanente.

El comité de dirección mantiene un registro de los nombres de los asistentes y detalles de contacto, con el objetivo de crear una red informal de individuos que se pueden invitar unos a otros en privado.
¿Cuál es el propósito declarado del grupo Bilderberg? "Hacer un nudo alrededor de una línea política común entre Estados Unidos y Europa en oposición a Rusia y al comunismo". Pero este objetivo, con la evolución histórica, ha cambiado fundamentalmente.

El club Bilderberg se mueve en un terreno indefinido, entre la legalidad y la ilegalidad, entre la existencia pública y el secretismo, reuniéndose cada vez en lugares diferentes, en reuniones en las que no hay orden del día, pues los temas a discutir dependen de la actualidad del momento, y de las que no se levanta acta, pues, en teoría, no se toman decisiones vinculantes, porque no forman parte de ninguna organización oficial, pero lo que se acuerda allí, tiene consecuencias importantes. Y sí que queda constancia de los nombres de quienes concurren cada vez.


 Forma parte del grupo permanente un representante de la familia Wallenberg, que desde el siglo XIX controla las grandes empresas de Suecia (ASEA, Ericsson, SAS, SAAB...) El fundador del imperio, Marcus Wallemberg, murió en 1943, pero sus nietos y nietas continúan su labor, y una de ellas, Nane Marie Annan, casó con Kofi Annan, (secretario de las Naciones Unidas entre 1997 y 2007) el actual gerente del Club Bilderberg.

 

      Matías Rodríguez Inciarte                  Jaime Carvajal y Urquijo                        Kofi Annan
    
España tiene dos asistentes fijos: el Rey Juan Carlos y Emilio Botín, aunque ninguno de los dos aparece personalmente, sino que delegan su asistencia en otras personas. Así, Emilio Botín se hace representar por quien tiene el tercer sueldo más importante del Santander, Matías Rodríguez Inciarte, (en su día, ministro de la extinta UCD), mientras que el monarca Español envía a su mujer, Sofía, o bien a Jaime Carvajal y Urquijo.

Pero España, aparte de los miembros fijos, manda cada año otros representantes, como Esperanza Aguirre, que acudió en 2008, o Juan Luis Cebrián, que lo hace con bastante frecuencia.

¿Es relevante la mano de esta organización en temas de interés general? Podríamos destacar que, antes de ser candidato a la presidencia, un prácticamente desconocido Bill Clinton fue presentado en este distinguido club, para convertirse al año siguiente en Presidente de los Estados Unidos, y que, en 2008, uno de los esporádicos que acudió, fue Barack Obama, para que el club diera el visto bueno a su candidatura. El mismo año que Bill Clinton, se invitó a la reunión un diputado laborista poco popular, llamado Tony Blair, que poco tiempo después fue nombrado primer ministro.

O sea, que nos encontramos con que las decisiones de mayor calado de la sociedad occidental son tomadas por un grupo en que se integra la élite de personas más influyentes del mundo, destacando, entre sus miembros, casas reales, presidentes y ministros, representantes del Banco Mundial, principales empresas de comunicación... que se reúnen cada año bajo estrictas medidas de seguridad y aseguran que asisten como ciudadanos privados, aunque a ninguno de ellos se le permite dar información alguna de los contenidos discutidos durante los encuentros. Nadie puede comprar una invitación, pese a que muchas multinacionales lo han intentado.
La pregunta es: ¿Cuál es la motivación de su hermetismo?
El Club ha sido administrado desde el principio por un núcleo reducido de personas, nombradas en 1954, como indico más arriba,  por un comité de sabios, en su mayoría norteamericanos y europeos. Las invitaciones se mandan a personas importantes y respetadas de quienes se espera, a través de su conocimiento especial, sus contactos personales y su influencia en círculos nacionales e internacionales, puedan ampliar los objetivos del Club. Bajo esta aparente inocencia se esconde la verdadera misión del Club Bilderberg: mover los hilos desde la sombra.

Bueno, y a todo esto ¿cómo es que, redactando, redactando, he llegado hasta este punto?
Si yo empecé esta entrada con una referencia al registro del domicilio de Christine Lagarde, a la situación de Chipre y a la declaración del Conde de Fontao... Es que, lo mismo que a veces, hablando y hablando se le va a una calentando la boca, a mí, escribiendo y escribiendo se me va el dedo de una tecla a otra y... aquí está el resultado.


 Pero quizás sea mejor dejar de extenderme sobre el tema.

Si tenéis interés en profundizar sobre este asunto, lo mejor que puedo hacer es recomendaros un libro: "La verdadera Historia del Club Bildelberg", de Daniel Estulin.

Leedlo. Ya me contaréis.




















lunes, 4 de marzo de 2013

LAS UVAS DE LA IRA, LA MARCHA SILENCIOSA Y UNAS CUANTAS COSAS MÁS



Mientras marchábamos el sábado, día 2 de marzo, silenciosamente, por las calles de Cartagena, como homenaje a Guillermo Santos, víctima de la crisis económica, parado, casado y padre de 3 hijos, refugiado en casa de la abuela de su mujer, por haber sido desahuciado de su casa, y que a los 45 años optó por el suicidio, incapaz de seguir luchando, comentábamos entre los asistentes lo imposible que habría sido hace tan sólo treinta, o veinte, o incluso diez años, imaginar que hoy nos hubiéramos podido encontrar en la situación en que hoy nos encontramos… 
en esta situación de retroceso en el estado del bienestar, en esta situación de precariedad, de pérdida de las libertades, en esta situación de antidemocracia creciente… y evoqué  la primera vez que visioné “Las uvas de la ira”, el impacto que me causó esta película, y la emoción contenida con que, años después, me entregué a la lectura de la novela de John Steinbeck, del mismo título.


Esta obra de ficción, inspirada en la realidad histórica de la crisis del 29, retoma hoy su actualidad, ante la realidad del momento que jamás nos imagináramos que nos llegaría a tocar vivir en pleno siglo XXI.

Las uvas de la ira es la crónica de una familia depauperada en su viaje hacia una tierra de promisión, buscando trabajo y mejores condiciones de vida. No se trata de una obra moralizante, ni tampoco de propaganda, sino de un libro tremendamente realista en que unos personajes llenos de profundidad y humanidad, ser muestran como auténticos luchadores, que no dudan en denunciar los abusos del poder y la despiadada crueldad y desamparo que sufren los más débiles.

La dignidad de la ira la contemplamos en estas palabras de Steinbeck: 

«…y en los ojos de la gente se refleja el fracaso; y en los ojos de los hambrientos hay una ira creciente. En las almas de las personas las uvas de la ira se están llenando y se vuelven pesadas, cogiendo peso, listas para la vendimia».


El autor nos enseña en su novela el poder potencial del hombre común si el «Yo» se convierte en «Nosotros», y es ésta la mayor enseñanza de la obra, la que deberíamos asimilar y poner en práctica, pues sólo colectivamente podremos escapar a la presente realidad y luchar por su transformación.
En el principio de la novela, Tommy, el segundo hijo de la familia Joad, que ha pasado algunos años en prisión por haber matado en defensa propia a un hombre, regresa a casa, para encontrar su hogar vacío. 
Se dirige  entonces a la granja de su tío John, para encontrarlos ahí reunidos a todos. El tío, que vivía solo, ha recogido a su hermano, con toda su familia, formándose ahora una nueva unidad familiar, compuesta por 12 miembros, que se ven obligados a emigrar para intentar sobrevivir.


Todos están de acuerdo en que allí ya no pueden seguir y la familia Joad, despojada de sus tierras, emprende el viaje a California.
Aun encontrándose en libertad bajo palabra, Tommy les acompaña, a pesar del riesgo de que la policía le detenga y devuelva a la cárcel. Después de vender todas sus pertenencias, matan los animales, preparan su carne para llevársela, y cargan lo poco que les queda en el camión que compraron con sus ahorros. La familia no está dispuesta a separarse, en la confianza de la fortaleza que les da su unión.


California… el fértil, el próspero estado de California se convierte en su sueño, en la ilusión de encontrar nuevas tierras en las que asentarse.
A lo largo de la obra permanece inalterable el sentimiento del amor. La tierra se ha perdido; la familia, irá dividiéndose en función de los continuos avatares, pero a pesar de todos los sufrimientos, de todas las agresiones sufridas, el amor está siempre presente, haciéndose patente en la figura de la madre, una madre (Ma Joad) que lucha por mantener unida a su familia por la fe en un futuro mejor.

Conforme se multipliquen las adversidades, lejos de dividirse, la familia continúa unida, aunque sufriendo una transformación: El amor por la tierra y amor por la familia se va convirtiendo en un amor al prójimo que alcanza dimensiones universales. Es éste el gran mensaje de la novela: El valor de la SOLIDARIDAD. Y Steinbeck lo expresa claramente en esta frase: “Si tienes problemas o estás herido o necesitado... acude a la gente pobre. Son los únicos que te van a ayudar... los únicos».


A lo largo de la novela vemos la desgracia y degradación que se acumulan sobre la familia Joad, y la manera en que, sin embargo, su sentido de justicia, familia, y honor nunca desfallece. Porque el autor creía que mientras la gente mantuviera un sentido de injusticia, un sentido de cólera contra los que trataban de menoscabar su amor propio, nunca perdería su dignidad.
Tom Joad, que se ve obligado a matar a un policía en una lucha por la dignidad de los trabajadores, es el símbolo de todos los trabajadores pobres maltratados que se niegan a ser vencidos


La cólera y la ira de Tommy contra los que querían que se acobardara, son la cólera y la ira de Steinbeck, cólera e ira que se dirigen contra los opresores: los banqueros que robaban las granjas, los terratenientes de California que trataban a los trabajadores como alimañas, y la policía que se ponía de parte de los ricos y brutalizaba a los trabajadores, lo que podemos apreciar en este fragmento del diálogo entre Tommy y su madre: 


«–Ya lo sé, Madre. Lo estoy intentando. Pero esos ayudantes del sheriff... ¿Has visto uno alguna vez que no tuviera el culo gordo? Y menean el culo y muestran su revólver por ahí. Madre –dijo–, si ellos estuvieran trabajando con la ley, lo podríamos soportar. Pero no es eso. Su trabajo es minarnos la moral. Intentan que estemos encogidos, arrastrándonos como una perra apaleada. Tratan de destrozarnos. Por Dios, Madre, llega un momento en que lo único que uno puede hacer para conservar la dignidad es atizarle a un policía. Nos están comiendo la dignidad».
La despedida de Tom de su madre alcanza dimensiones épicas: «En donde haya una pelea para que los hambrientos puedan comer, allí estaré. Donde haya un policía pegándole a uno, allí estaré. Si Casy sabía, por qué no, pues estaré en los gritos de la gente enfurecida y estaré en la risa de los niños cuando están hambrientos y saben que la cena está preparada. Y cuando nuestra gente coma los productos que ha cultivado y viva en las casas que ha construido, allí estaré, ¿entiendes?».


Y es en la disertación de la madre, Ma Joad, al final de la obra, donde reside la enseñanza final, la lección de la esperanza, en este enaltecimiento de la gente del pueblo, de la gente común. A los censores de la versión cinematográfica de esta novela les facilitó enormemente la tarea la polisemia de la palabra “people”, cuyo significado puede adoptar diversas acepciones - personas, gente, pueblo, nación, habitantes, familia, amigos… - y en el doblaje se optó por la utilización del término menos ideologizado: “gente”,  (yo lo habría traducido por “pueblo”) todas las veces que aparece a lo largo del parlamento – más bien un manifiesto -  de esta madre del pueblo, como si acaso la sustitución de un término por otro pudiese, realmente, descarnar de ideología el discurso:  


«Nunca más voy a tener miedo. Pero lo tuve. Por un momento pareció como si nos hubieran derrotado. Derrotados por completo. Parecía como si no tuviéramos a nadie en todo el mundo, sólo enemigos. Como si nadie siguiera siendo amistoso. Me hizo sentir bastante mal, y también asustada, como si estuviéramos perdidos y a nadie le importara… Los ricos van y se mueren y sus hijos no sirven para nada y van desapareciendo. Sin embargo, Tom, nosotros seguimos surgiendo. No te inquietes, Tom. Llegan nuevos tiempos, distintos.–Tranquilo –dijo ella–. Debes tener paciencia. Mira, Tom... nosotros, nuestra gente, seguirá viviendo cuando estos otros hayan desaparecido. Escucha, Tom, nosotros somos el pueblo que vive. No nos pueden borrar del mapa. Nosotros somos el pueblo, nosotros seguimos adelante...».

John Steinbeck


En esta emotiva escena final, en este parlamento y en otras muchas cosas fui pensando el sábado mientras que, por las calles de Cartagena, transcurría la marcha silenciosa.
Nosotros seguimos surgiendo, nosotros somos el pueblo que vive. El pueblo, a pesar de todo, sigue adelante.